El acento es uno de los melones más gordos cuando hablamos de actuar en inglés siendo hispanohablantes. ¿Tengo mucho acento? ¿Cómo puedo reducirlo? ¿Cómo hago para sonar más «inglés»? ¿O más americano? ¿Importa cualquiera de los dos? ¿Si estudio fonética inglesa perderé mi acento español? La lista de preguntas que me he encontrado es muy extensa y no todas tienen una respuesta única. Vamos a verlo.

Solo desde la perspectiva del aprendizaje del inglés, sin meternos en temas de interpretación, el tema del acento es muy amplio y daría para muchos artículos como este, porque lo que conocemos como «acento» no es una cuestión puramente fonética, sino que está atravesado por cuestiones como la geografía, la cultura, la clase, el contexto histórico o incluso las circunstancias individuales. Pero como aquí la idea es aportar información desde el punto de vista actoral, es por donde vamos abordar el asunto. De entrada, hay una consideración que hay que tener presente y es la siguiente: todo el mundo tiene un acento. Es decir, todo el mundo, hable el idioma que hable, tiene una forma concreta de pronunciarlo. Tú misma, en tu propio idioma, tienes un acento que será distinto del de personas de otra ciudad o región de tu mismo país. Esa cualidad se mantiene cuando hablas en inglés: tu forma de pronunciar el idioma inglés está condicionada por la fonética de tu idioma materno y por la variante del inglés que hayas aprendido. Si tus profes de inglés eran americanos, o tenían acento americano, es posible que tu forma de pronunciar water suena a algo parecido a «guarer», mientras que alguien con influencia del Reino Unido la pronuncie tirando a «uota». Y aquí llegamos a una de las cuestiones principales que más preocupación genera cuando hablamos de acento: «tener acento» no significa necesariamente «pronunciar mal». Es decir, tú puedes pronunciar el inglés de forma absolutamente correcta, sea la variante que sea, y seguir teniendo acento español. Por lo tanto, ya te avanzo que tu principal preocupación a la hora de trabajar «tu acento» al actuar en inglés tendría que ser conocer y practicar la fonética del inglés para poder pronunciar con la mayor claridad posible. Para ello, si no tienes claro por dónde empezar a trabajar la fonética, mi recomendación sería iniciarte con los sonidos vocálicos del inglés. A pesar de que las vocales tienen la misma ortografía tanto en inglés como en español (A, E, I, O, U), en inglés existen entre 19 y 21 sonidos vocálicos distintos: por ejemplo, la letra «a» se pronuncia de varias maneras en función de la sílaba en la que aparezca. Así, la palabra «banana», que nosotros en español pronunciamos tal cual está escrita (con tres sonidos «a» exactamente iguales), en inglés se pronuncia /bəˈnɑː.nə/ (la primera a se pronuncia /ə/, la segunda /ɑː/ y la tercera otra vez como /ə/). En cuanto te introduzcas en el mundo de la fonética, ya vas a ver que hay una primera distinción entre «inglés británico» e «inglés americano»: la misma palabra «banana» que acabo de compartir, está escrita con la pronunciación de «inglés británico», puesto que en «inglés americano» sería /bəˈnæn.ə/. Yo te recomiendo que te familiarices con ambas variantes con el tiempo, pero para empezar, con escoger una de las dos te resultará suficiente. Hacer este trabajo, además, te obligará a aprenderte los símbolos del IPA (el alfabético fonético internacional), así que estarás matando dos pájaros de un tiro.
Por cierto, si todo este tema de la fonética te parece complicado es porque realmente lo es, sobre todo viniendo de un idioma con tan «poca» variedad de sonidos como es el español. Pero no desesperes, no es imposible aprender, solo es cuestión de dedicarle tiempo. Y si te lanzas a familiarizarte con la fonética, será como abrir un cofre del tesoro: se te desbloqueará todo un mundo de posibilidades para «modular» tu propio acento. ¿Quieres sonar como una persona que habla con mucha fluidez? Pronuncia toda la gama de vocales. ¿Quieres sonar como alguien que apenas tiene conocimiento del inglés, o exagerar tu propio acento español? Limita todas las vocales a las 5 que tenemos en español: a, e, i, o, u.
Ahora avancemos un poco más. Imagínate que ya tienes una base de fonética, conoces todas las vocales y las consonantes del inglés, estás familiarizada con las variantes británica y americana y te comunicas con fluidez, pero el tema del acento te sigue suponiendo una preocupación. Y es que habrás notado que la fonética no tiene todas las respuestas: un acento no es solo la suma de sonidos individuales, sino que está influenciado por el ritmo, la cadencia, la musicalidad. ¿Qué dificultad añadida nos encontramos en nuestro trabajo como actores y actrices? Pues que cuando interpretamos, no hablamos con nuestras palabras: estamos fingiendo ser otra persona con un acento muy posiblemente distinto al nuestro. Aquí se nos abre un abanico de problemas que tienen soluciones distintas. Veamos:
–Eres una actriz española y te quieren ver en un casting para interpretar un personaje español. La mejor combinación: solo deberías centrarte en pronunciar con la mayor claridad posible (no corras, pasa por todos los sonidos, etc) y no te agobies por sonar más americana o más británica. Como te decía anteriormente, todo el trabajo que hayas hecho de fonética te permitirá modular un poco tu acento y adaptarlo a las necesidades del proyecto. Además, la fluidez con la que hable el personaje ya estará descrita en el guion (¿frases cortas y sencillas? ¿Frases largas con vocabulario variado?), así que tu construcción de personaje podrá descansar en tu trabajo como actriz, no solo en tu pronunciación del inglés.
–Eres una actriz española y te quieren ver en un casting para un personaje extranjero. Entre la llegada de las plataformas y los self-tapes, hoy en día las co-producciones con repartos internacionales son muy comunes y los procesos de castings relativamente accesibles. Aquí nos encontramos con personajes que a lo mejor no tienen una nacionalidad determinada, o incluso que su acento no tiene importancia en la trama, pero que muy posiblemente se comuniquen en inglés sin problemas. Es decir, tendrás que interpretar una persona que habla inglés posiblemente mejor de lo que lo hablas tú. Aquí el principal escollo sería la variante dominante: ¿es una producción americana? ¿británica? ¿europea pero con reparto americano? Sin renunciar a tu acento español, es posible que tengas que hacer un trabajo de aproximarte a una variante concreta del inglés, es decir, que cuando digas water tendrás que escoger entre «guarer» o «uota» y todo tu acento debería homogeneizarse en la misma dirección. Para resolver este tema, todo el trabajo previo de fonética que hayas hecho te resultará valiosísimo porque tú misma podrás detectar muchos de los cambios que necesites hacer. Para este tipo de trabajos, además, es muy posible que tengas que trabajar también con un coach, no tanto para corregir tu inglés como para armonizarlo con la variante dominante o para pulir el ritmo o la cadencia de algunas frases. Aquí se abre una puerta, la «reducción de acento», que es un emprendimiento trabajoso y de largo plazo, que no es necesario para todo el mundo pero para el que pusiste la primera piedra si te dedicaste a familiarizarte con la fonética.
–Eres una actriz española y te quieren ver en un casting para un personaje nativo. Un tema delicado y extremadamente poco frecuente. Si no eres bilingüe, esta situación posiblemente no se dé nunca. Incuso si eres bilingüe, tendrás que hacer un trabajo similar al que harías para aprender un acento de tu mismo idioma. Aquí tocamos con una fantasía: la del «actor de método» (casi siempre de Hollywood) que se prepara tanto un papel que suena 100% creíble al interpretar con otro acento diferente al suyo. El problema de esta fantasía es, por un lado, que solo es una fantasía porque nadie en nuestra industria tiene 6 meses y un coach pagado por la productora para trabajarse un acento; y segundo, porque el problema de sonar 100% en otro acento (sea en tu idioma o en otro) es ese mismo porcentaje: hay que dar el 100%. Si estás en un muy respetable 85%, el oyente nativo de ese acento dará un respingo cuando se te escape una vocal o patines en tal consonante y se romperá la ilusión. Si no eres bilingüe y no tienes un oído extraordinario, mi consejo es que no te obsesiones con la fantasía de sonar como un nativo porque de entrada es posible que nadie te lo pida. Si aun así quieres alcanzar ese nivel de sofisticación, mi recomendación es que trabajes con una persona del acento que quieras imitar y le copies sonido a sonido hasta que consigas hacerlo natural. Búscate una frase-llave (una frase, una expresión, un par de palabras que te sirvan para «coger» el acento, como si fuera un interruptor de tu cerebro). Y acostúmbrate a usar una grabadora de voz (puedes usar la del teléfono), ya que será tu mejor herramienta en este caso: graba a esa persona hablando y después grábate a ti misma imitando. Es la única forma de volverse consciente de los matices necesarios para alcanzar ese 100% del que hablaba antes.
Como ves, no hay una respuesta única al tema del acento ni un truco universal que te salve de todas las situaciones: todo depende de tu nivel de fluidez, del tipo de personaje que tengas que interpretar, del proyecto, etc. Si tu objetivo a largo plazo es hacerte hueco en un mercado concreto (imagina que te mudas a Londres o a Los Ángeles), el trabajo de reducción de acento debería ser tu prioridad porque en este caso estamos hablando tanto de actuar en un self-tape, como de estar en un rodaje 100% en inglés, buscar representante o tener reuniones con directores para los que tendrás que comunicarte sin ningún tipo de problema y proyectar, acento mediante, la imagen de que «perteneces» a esa industria. Sin embargo, si tu objetivo es simplemente ampliar tu abanico laboral sin cambiar de país o de ciudad, lo más parecido a esa «navaja suiza» que te haga la vida más fácil en inglés es la fonética: conocer los sonidos del inglés, aprender a reconocerlos cuando los veas escritos en un diccionario y tener la opción de modular tu propio acento. Como dije antes, no es un trabajo sencillo, pero será uno de los más fructíferos en tu viaje de aprendizaje del inglés. Sea como sea, el mensaje que quiero transmitirte es que cualquier trabajo de acento, pronunciación o fonética, por muy enmarañado que parezca, no es un misterio insondable accesible a tan solo unos pocos afortunados, sino una cuestión que requiere de una sola cosa: dedicación. Y si hay algo de lo que sabemos mucho las personas que nos dedicamos a la interpretación es precisamente eso. Así que mucho ánimo y a trabajar.
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