
Hola de nuevo. Si habéis leído al menos una unidad de contenido en este blog, os habréis percatado de que soy un plasta con la palabra «fonética». Insisto mucho con el tema, lo reconozco, pero es porque creo firmemente que, como actores, nuestra mayor herramienta de trabajo es la voz y cuantas más herramientas tengamos para conocerla, mayor libertad creativa tendremos.
Otra cosa que me habréis leído decir es que la fonética es un tema complicado, pero no porque sea intelectualmente difícil de entender, que no lo es, sino porque el estudio de la fonética inglesa requiere familiarizarse con un grupo relativamente grande de símbolos que posiblemente desconozcas: el AFI (Alfabeto Fonético Internacional, o IPA por sus siglas en inglés). Es decir, te tienes que aprender un alfabeto nuevo un poco diferente al que conoces. Solo llevamos un párrafo y medio pero es posible que ya estés pensando: pero a ver, Bruno, no te flipes, que yo lo que quiero es hablar inglés con un poco más de soltura, ¿de verdad tengo que aprenderme *todos* los símbolos del AFI?
Te respondo con otra pregunta: ¿te quieres hacer la vida más fácil sí o no?
Si sigues leyendo es porque has respondido que sí, así que vamos a dejarnos de preámbulos y vamos a empezar a tratar el tema por el grupo de sonidos que más van a hacer por mejorar tu pronunciación del inglés: las vocales.
Las vocales, si eres hablante nativo de español, son los cinco sonidos que representamos con las letras «a, e, i, o, u». Si tomamos esos cinco sonidos como «el estándar», una de las primeras cosas que tienes que entender es que en inglés, al tener muchas más vocales que el español, vamos a tener que hacer «modificaciones» de esos cinco sonidos básicos. Sería algo así como añadirle diferentes sabores a cada una de esas letras. Puesto que el alfabeto inglés tiene los mismos cinco símbolos ortográficos para escribir las vocales (a, e, i, o, u – no tienen tildes ni ninguna ayuda gráfica que nos ayude a saber cómo pronunciar las cosas), por fuerza cada una de esas letras tiene varias formas de pronunciarse en lugar de las cinco que nosotros conocemos.
Esos «sabores» son modificaciones que ocurren en la boca (cambiando la forma de los labios, la lengua o la colocación del sonido) y es el motivo por el cual, cuando abrimos el abanico de sonidos que sabemos hacer, nos parece que estamos «hablando raro». Es literalmente como aprender a hacer un ejercicio nuevo en el gimnasio: tus músculos, en este caso los del aparato fonador, se tienen que acostumbrar a hacer algo que hasta ahora no habían hecho.
Para guiarte por este camino vocálico, voy a pedirte que apartes por un rato de tu mente esos cinco sonidos básicos que tenemos en español. En su lugar, quiero que te imagines una escala en la que vamos a ir de sonidos «pequeños» a sonidos cada vez «más grandes». Quiero señalar, por si hay algún lingüista enfurruñado en la sala, que este artículo no pretende ser una disertación fonética clásica ni rigurosa, sino una simplificación que yo he creado por mi cuenta para organizar el tema y que me ha sido útil para trabajar con otros actores hispanohablantes en el pasado. El objetivo no es sacarnos un máster universitario, sino familiarizarnos con el AFI.
La base de todo: la /ə/
Esta e del revés que acabo de poner es quizá la vocal más importante de todas. Es tan importante, de hecho, que hasta tiene nombre propio (schwa – ninguna otra de las vocales que vamos a ver lo tiene) y es, con diferencia, el sonido más abundante del idioma inglés. ¿Y qué sonido es ese? A mí me gusta pensar en ella como una vocal no-vocal. Es decir, como el sonido más inespecífico y básico que puedes hacer con tus cuerdas vocales sin comprometerte a hacer una «vocal completa». Si dejas la boca relajada y ligeramente entreabierta y das un pequeño golpe de voz sin mover ningún músculo, lo que deberías oír es un sonido muy corto que se parece a una mezcla entre una e y una a pero sin llegar a ser ninguna de las dos (los que estéis familiarizados con el catalán lo reconoceréis porque se parece a la «e neutra»). Ese sonido un poco amorfo es la schwa y podríamos decir que es el precursor de todas las demás vocales que vamos a ver.
Entender la importancia de esta vocal es fundamental para el trabajo que vamos a hacer en adelante, así que voy a detenerme un poco en ella. Para explicarlo, tengo que hacer un pequeño paréntesis para hablar brevemente de sílabas. En inglés, al igual que en español, podemos romper las palabras en sílabas. En cada palabra siempre habrá una sílaba más importante que otras, que es la que se lleva el «golpe de voz» y es la que conocemos como sílaba tónica. El resto de sílabas de esa palabra, las que no tienen tanto «peso», las llamamos átonas. La combinación de esa sílaba tónica rodeada de sílabas átonas es lo que da ritmo a las palabras y a las frases. En español, una forma de encontrar la sílaba tónica (a veces se le llama «acentuada», pero no tiene nada que ver con si la sílaba llevan tilde o no – la tilde solo es una convención ortográfica), es imaginarte que estás llamando a gritos a esa palabra. Por ejemplo, si gritaras la palabra «agua» sonaría algo parecido a «ÁÁÁGUA» – nunca dirías «AGÚÚÚA» o «AGUÁÁÄ«; y, si lo hicieras, quien te oyese tendría problemas para entender lo que dices. Ese patrón común de respetar las sílabas tónicas es lo que nos permite entendernos porque todos coincidimos en pronunciar las palabras de forma parecida: sería un poco raro si las fuéramos acentuando como nos da la gana cada vez.
En inglés, todas las palabras de más de una sílaba tienen una sílaba tónica y el resto son átonas. La sílaba tónica, la que se lleva el golpe de voz, siempre será una vocal, digamos, «de verdad», un sonido completo. Y muy frecuentemente, las sílabas átonas, las que no llevan el golpe de voz, reducen sus vocales hasta convertirlas en esta famosa schwa que digo que es tan frecuente y tan importante. Un buen ejemplo de este fenómeno lo comenté en otra entrada del blog: la pronunciación de la palabra «banana», que nos viene de perlas porque tiene el mismo significado y ortografía tanto en español como en inglés. Si buscamos su transcripción fonética en español, nos encontramos con /ba’nana/. Si lo buscamos en inglés, con lo siguiente: /bəˈnɑː.nə/.
El apóstrofe que aparece ahí en medio es la forma en que el AFI marca la sílaba tónica y se pone siempre delante. Gracias a eso sabremos que, de las tres sílabas de ba-na-na, el na del medio es la sílaba tónica en los dos idiomas. ¿Qué pasa con las otras dos sílabas? En español las pronunciamos con el mismo sonido «a»; en inglés la vocal se «reduce» hasta convertirse en una schwa. Esta tendencia del inglés a «reducir» las vocales que no llevan el golpe de voz es el motivo por el cual es una vocal tan frecuente en ese idioma. Está, literalmente, por todas partes. Te pongo varios ejemplos; fíjate en la sílaba que lleva el apóstrofe delante y qué pasa con las sílabas que no lo llevan:
Elephant – /ˈɛləfənt/
Connect – /kə’nɛkt/
Telephone – /ˈtɛləfoʊn/
Además, cuando formamos frases completas, muchos de los monosílabos que van apareciendo (a, an, the, from, or) cambian ligeramente de pronunciación cuando no llevan un golpe de voz y sus vocales pasan a pronunciarse con una schwa. Por ejemplo, la palabra «for» se pronuncia /fɔːr/ cuando la pronuncias a secas, pero si la metes en una frase completa, por ejemplo «This is for you», en inglés terminarías diciendo «This is /fər/ you».
Este fenómeno de «comprimir» los sonidos que no llevan el golpe de voz es una de las características del inglés que más lo diferencia del español y la razón por la cual los dos idiomas tienen cadencias y ritmos distintos: así como en español prácticamente le damos la misma importancia a todas las sílabas y solo «acentuamos» muy ligeramente las sílabas tónicas, en inglés esa diferencia es mucho mayor: las sílabas tónicas son las que se llevan casi toda la atención fonética mientras que el resto se «comprimen», tanto en tamaño como en duración. Si habláramos en términos musicales, el español sería un idioma «staccato» (ta-ta-TA-ta-ta) y el inglés, «ligato» (tataTAtata)
Nuestras cinco vocales, pero en minúsculo
¿Recuerdas que te dije antes que dejáramos de lado nuestras cinco vocales españolas y nos centráramos en pensar en una escala de “más pequeño” a “más grande”? Ahora que hemos establecido que la schwa es nuestra raíz, el sonido vocálico más corto y menos específico que podemos hacer, vamos poco a poco a modificar muy levemente esa /ə/ para “acercarla” a cada una de las cinco vocales de español: A, E, I, O y U. Importante: seguimos trabajando en la zona de “más pequeño” de la escala de tamaño.
La A – /ʌ/ y /æ/
Si la /ə/ la aproximamos muy, muy (MUY) levemente a nuestra A española pero sin llegar a hacer una A, estaremos haciendo el sonido /ʌ/, que es el que nos encontramos en palabras como:
cut – /kʌt/
come – /kʌm/.
Es un sonido pequeño y corto, muy cerca de la schwa (tanto que en muchas ocasiones se pronuncian igual), pero ahora ya con un poco más de personalidad.
Si empujamos el sonido un poco más, lo agrandamos y lo abrimos un poco en la dirección de nuestra A española, estaremos haciendo el sonido /æ/, que nos encontramos en palabras como:
pat – /pæt/
flat – /flæt/
family – /ˈfæməli/
En algunas variantes del inglés, esta vocal /æ/ se parece más a una /a/ (el mismo sonido que tenemos en español para la letra A) y es posible que veas ambas en algunos diccionarios para reflejar esa diferencia de variantes del inglés: no te preocupes por eso, lo único importante por ahora es pensar en el trayecto de “más pequeño a más grande” que va desde la /ə/ hasta la /ʌ/ y luego la /æ/ . Y para que veas claramente la diferencia entre el sonido /ʌ/ y el sonido /æ/, prueba a pronunciar estas dos palabras seguidas: but – bat. Las dos se parecen mucho pero la primera se pronuncia /bʌt/ y la segunda /bæt/. Si las pronuncias juntas varias veces, observa lo que hace tu boca para hacer la diferencia entre ambas: deberías notar que la primera es más “pequeña” y más corta, mientras que para pronunciar la segunda tienes que abrir un poco más la boca.
La E – /ɛ/
¿Y si nos pasamos hacia nuestra E? Es decir, si partimos del sonido /ə/ y pensamos en aproximarlo hacia una E española muy pequeña, estaremos haciendo el sonido /ɛ/, que nos encontramos en:
leg – /lɛg/
pet – /pɛt/
head – /hɛd/
Por alguna razón que desconozco, en la gran mayoría de diccionarios es posible que veas el sonido /ɛ/ representado como /e/. Técnicamente son dos sonidos diferentes, pero no hagas mucho caso: tú piensa en una E española pequeña y corta.
La I – /ɪ/
Ahora vámonos hacia la I. Recuerda que seguimos haciendo sonidos pequeños, como si fueran versiones en miniatura de nuestras vocales. Es decir, partimos de una /ə/ y nos acercamos ligeramente a un I: estaremos haciendo el sino /ɪ/. Es el que nos encontramos en palabras como:
fit – /fɪt/
pick – /pɪk/
difficult – /ˈdɪ.fɪ.kəlt/
Insisto mucho en esta idea de sonidos “pequeños” porque es fundamental que estas vocales se mantengan como sonidos cortos. ¿Recuerdas en el colegio cuando te explicaron la diferencia entre bitch y beach? En “bitch” tenemos que hacer una I española muy cortita y pequeñita, muy cercana al sonido /ə/. Si la alargamos y nos acercamos más todavía a una I española bien grande y sonora, estaremos pronunciando “beach”.
La O – /ɒ/
Pasemos a la O. Si a la /ə/ de inicio le añadimos un poquito (muy poquito) de sabor de O, nos encontramos con /ɒ/. Sé que esa especie de a al revés no es un símbolo muy intuitivo para pensar en una O, pero te irás acostumbrando. Este sonido es el que nos encontramos en palabras como:
dog – /dɒg/
hot – /hɒt/
hospital – /ˈhɒs.pɪ.təl/.
La U – /ʊ/
Y por último, la U. La misma idea: partimos de la schwa y nos acercamos tenuemente, pero sin llegar a ser, una U española. ¿Qué nos aparece? El sonido /ʊ/ que nos encontramos en palabras como:
put – /pʊt/
book – /bʊk/
push – /pʊʃ/
Hasta aquí todas las vocales de las que te quiero hablar hoy. Para recapitular, hemos empezado hablando de la /ə/, la vocal más “no vocal” que podemos hacer y la hemos utilizado como la raíz del resto de sonidos. Después, partiendo de esa /ə/ hemos ido acercándonos a las 5 vocales que conocemos en español y viendo qué sonidos equivalentes del inglés nos encontramos:
Cerca de nuestra A, la /ʌ/ de cut y la /æ/ de cat
Hacia la E, el sonido /ɛ/ de leg
Con sabor de I, el sonido /ɪ/ de pick.
En dirección a la O, la /ɒ/ de dog.
Acercándonos a la U, la /ʊ/ de book.
Si representamos todos los sonidos que hemos visto en un solo diagrama, nos saldría algo como esto:

Más adelante publicaré la 2ª parte de esta serie y seguiremos descubriendo los sonidos vocálicos del inglés. Hasta entonces, te animo a releer con calma esta entrada, a apuntar todos estos sonidos en tu cuaderno (si has leído mi otra entrada del blog sabrás de qué hablo) y, si tienes tiempo y ganas, a reconocer estos sonidos en palabras del inglés que ya conozcas utilizando la transcripción fonética que te aparecerá si las buscas en un diccionario — y ya te adelanto que vas a alucinar con la cantidad de veces que te aparecerá nuestra querida schwa.
¡Hasta pronto!
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