2025 se está revelando como el año en que el internet que conocíamos finalmente se va al carajo (al menos en lo que respecta a las redes sociales), así que no se me ocurre nada más empoderante que volver a ser dueño de las cosas que comparto en internet, incluso si mi audiencia es inexistente.
Este primer post no pretende ser una declaración de intenciones, porque si algo he aprendido de la última década es que la expectativa es la puerta de entrada a la decepción, así que lo voy a dejar en una invitación abierta hacia mí mismo para dedicar un poco más tiempo a escribir. Cero presión.
